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Iznalloz ( Hins Allauz, el castillo del almendro) tiene un marcado origen militar; ya en época romana este enclave era una posición estratégica, para defender la vía que unía Tarraco con las costas andaluzas orientales. Sobre la colina de este pueblo levantó la fortaleza de Acatucci, y sobre el río tendieron el puente el cual se mantiene en perfecto estado de conservación. Otra herencia de esta cultura es su gentilicio, derivado del nombre dado a la fortificación del lugar: Acatuccitano.
Situado en la falda de Sierra Arana, la Edad de Piedra, Bronce, y de Hierro dejan huella en la misma, y posteriormente la cultura ibera, romana y nazarí.
En los primero siglos de dominación musulmana se levantaron en la zona algunos castillos defensivos, uno de ellos el de Iznalloz. Beréberes y almohades habitaron sus fértiles cultivos y sus ricos pastos de caza y ganado. Los musulmanes abandonaron las fortificaciones de Iznalloz, en el transcurso de la operación desarrollada por los cristianos en septiembre de 1.485.
Tras la conquista de los Reyes Católicos, Iznalloz se convierte en un importante centro comercial, agrícola y ganadero, siendo una de las siete villas obligadas al sustento de Granada. Fue de tal importancia la cantidad de trabajadores que sobre todo en época de recolección acudían al lugar, que para paliar los efectos de las enfermedades, los Reyes Católicos mandaron fundar un hospital, obra inacabada y que con el paso del tiempo termina siendo el Posito que la Iglesia utiliza como almacén para los diezmos que recoge.
En 1.895, con la construcción del ferrocarril Granada - Murcia, hubo que horadar la montaña sobre la que se encuentra el municipio, con lo que Iznalloz se convirtió en el “primer pueblo español con metro”.
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